21 nov. 2013

¿Quedará algún derecho democrático a los españoles tras el paso de Rajoy?


Rajoy “no sabe qué efecto causan en las personas las cuchillas de la valla de Melilla”. Es muy simple conocer ese dato: que salte él y lo experimente. Ya que a veces se anima con estos brincos de felicidad, que se ponga en el lugar de quien tiene que arrostrar impedimentos del calibre de la valla de Melilla por lograr una vida mejor y sin atajos fraudulentos. Deberíamos exigirle que lo compruebe. No es bueno adoptar medidas a ciegas.
Mariano Rajoy hacía estas declaraciones en los fastos de celebración de su segundo cumpleaños al frente del gobierno español. Concretamente en una entrevista en casa amiga: RNE. Los principales indicadores económicos -18- revelan que todos han empeorado con su gestión salvo la prima de riesgo, pero él sigue levitando, o -para ser más precisos- dando saltos de alegría como cuando atisbaba el poder. Le va tan maravillosamente bien a él y a sus amigos…


Las perlas de hoy son a juego con el personaje. Va a encargar a Fátima Bánez que ponga en marcha una“ley de servicios mínimos”, es decir, va a reventar el derecho de huelga que está no solo en la Constitución Española, sino también en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Borregos al uso han dicho que muy bien, que así se respeta la “libertad” del resto de los ciudadanos.
Todos los ministros tienen su apoyo. Wert, en particular, que “ha cumplido el programa electoral”. El oculto, el de la involución, a pleno rendimiento. Con este conjunto de medidas está dejando el país niquelado, lleno de epsilones o ciudadanos de pleno ejercicio coartados en sus libertades. Parecería que fuese su anhelo. El del salto. Atrás. Sin valla y sin cuchillas. Como su dios manda.
La ley que prepara de “Seguridad” ciudadana –calificada incluso como más propia de una dictadura por asociaciones de juristas- es para Rajoy, por el contrario, algo que nos hará más libres. Qué obsesión en mentar la “libertad” cuanto más la restringe.
La cascada de atropellos es diaria. Empiezo a dudar que este sujeto vuelva a convocar elecciones o que lo haga sin trampas.
Los colegas en radicalismo ultraconservador del PP en Madrid -es decir, Ana Botella, esa “gran alcaldesa” según Rajoy- nos han dejado hoy una imagen para la historia como símbolo: han quitado el nombre de Fernán Gómez a su teatro. Ojalá la historia ponga en su sitio y su responsabilidad a esta gente y a todos cuantos les apoyaron. A veces pasa.

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