11 jul. 2013

Zombis

"La maquinaria capitalista lleva trabajando varias décadas a pleno rendimiento para operar en la red neuronal de la sociedad cada vez con mayor eficacia [...] Tienen muy entrenado nuestro cerebro, millones invertidos en psicología para este fin han dado unos maravillosos frutos, y en esta crisis se hace muy llevadero manejar los marcos conceptuales que han venido creando para dominar y mantener anestesiada a la marioneta zombi. "

Zombis sociales

Vicente Soria. ATTAC-PV
Nos rodean. Hay miles, millones, y todos los días nos podemos cruzar con varios en la calle.

El discurso dominante y omnipresente ha conseguido con la combinación de sus expertos en comunicación, políticos, y sus medios de comunicación, integrar en la ciudadanía los mantras que más favorecen a sus intereses.
Muchos de estos mantras el zombi los ha absorbido principalmente a través de su televisor, donde ha podido ver en las noticias a algunos políticos parloteando lo que les han enseñado gestores en comunicación, al servicio de las élites financieras. Redes clientelares o puertas giratorias son conceptos muy trillados desde hace décadas que definen el entramado de interés recíproco existente entre los dos partidos mayoritarios y grandes grupos empresariales, y cuya inversión en comunicación hipnótica ha sido masiva.
El zombi también ve en cualquiera de los mismos canales de televisión, propiedad de grandes grupos mediáticos, que evaden y eluden millones al estado cada año, a unos contertulios que ¡vaya! lo saben todo y de todo entienden, y por supuesto tienen razón. Qué importante es estar bien informado y formarse una cartera de argumentos fácilmente asimilables, para poder reproducirlos más tarde junto con otros zombis para reforzar los mantras que éstos a su vez han empezado a oír en otros medios completamente independientes y veraces, ¡sí! hay que ir por la vida bien informado y con argumentos, porque como dice el anuncio de esa famosa cadena de electrodomésticos y tecnología, “yo no soy tonto”.


Estos discursos contienen líneas de pensamiento pseudo-lógicas muy simples que el zombi interioriza fácilmente. Entre algunos de los mantras más populares podemos encontrar el que afirma que “el estado es como una familia, no se puede gastar lo que no se tiene” (como si una familia pudiera emitir deuda y llevar a cabo una política fiscal concreta); o el que da por hecho que “la crisis es algo temporal” (llevan años diciéndolo, y en todo caso, ¿qué quiere decir exactamente que es “temporal”? ¿qué es “salir de la crisis”?)

Otro de los mantras-falacias más recientes que el zombi ha reforzado es el de las pensiones, “no habrá dinero para las pensiones”, sí, una amenaza tan vieja como falsa, pero que en estos días de elevado paro resulta más fácilmente comprensible con el vínculo aparentemente lógico entre cantidad de cotizantes-cantidad de dinero para pensiones. En este punto, por supuesto, jamás se habla de otros factores a tener en cuenta para sobrellevar esa famosa sostenibilidad de las pensiones, como el de la productividad, la masa salarial o incluso otras vías de financiación de las mismas. Puede que por ello, pues, veáis a algunos zombis entrar en una de las entidades bancarias responsables de sus presentes desgracias para abrirse un plan de pensiones.

El zombi está perdido, confuso, piensa que el origen de la crisis y los recortes que sufre es porque “el Urdangarín” y “el Bárcenas” “han robado”, porque mucha gente compró televisiones de plasma o teléfonos móviles, o porque ha habido un gasto excesivo en educación, sanidad y gastos sociales en general. En todos estos casos el discurso dominante, a través de sus tertulianos y sus políticos, aprovecha hechos que pueden haberse dado en algunos casos, pero que el zombi puede identificar directa o indirectamente en sí mismo por su experiencia, o por la de alguien conocido, para establecer una verdad generalizada.

El zombi piensa que vive en democracia porque puede votar cada cuatro años, pero que como “todos los políticos son iguales” no votará en las próximas elecciones, ya que todos acabarán haciendo lo mismo. Al bipartidismo en decadencia le va a venir muy bien la desafección creada hacia la política institucional: “si nosotros PPSOE no podemos, los pequeños tampoco” piensa la bicefalia al servicio de la Troika.

El zombi vive ambientado en su microrutina día tras día, con ese anuncio de la tele, con esa canción de la radio, con esa noticia curiosa, reforzando falacias con otros zombis…. Se considera un privilegiado si trabaja en lo que puede y en las condiciones que sea, claro  “más vale esto que nada, que con la que está cayendo…”.
Y por supuesto, poco importa si tiene horarios que le impiden vivir, además ahora, si necesita comprar algo, con la liberalización de horarios puede comprar hasta las diez de la noche en cada vez más centros comerciales, incluso en algunos casos hasta los domingos. Sí, es fabuloso poder conseguir comida basura barata y ropa de Bangladesh, aunque ello implique  seguir enriqueciendo a conglomerados empresariales que defraudan al estado millones cada año. El zombi sólo puede comprar lo más barato, en el centro comercial las grandes franquicias que acabarán aniquilando por completo al pequeño comercio de su calle, tienen buenas ofertas siempre. Además, es muy distraído ir al centro comercial a “dar una vuelta”, con todo ese colorido, publicidad, esos anuncios…

Muchos zombis llevan meses (o años) acostumbrándose y adaptándose a los brutales recortes, “la cosa está fatal, pero para qué vamos a quejarnos”, menos mal que la abuela o la madre aún tienen la pensión. Y es que “hay que apretarse el cinturón”, “hay que arrimar el hombro”, “entre tod@s saldremos”, ¡viva La Roja!, algunos zombis, sí salen a gritar a la calle, pero para celebrar un gol de selección de fútbol.

En ocasiones el zombi se encuentra en su ciudad con un grupo de manifestantes y comenta “eso no sirve para nada”. Siempre ve las mismas caras, aunque varían las pancartas.
Llegó a sentir simpatía por el 15M, pero de aquello ya no ve nada.
El zombi a veces se siente apático e intuye que algo no va bien, pero no sabe hacia dónde apuntar, no sabe hacia dónde dirigir su frustración, y al final la tele se lo pone tan fácil que no puede resistirse al encanto de los mantras-falacia. El mundo se ha vuelto demasiado complicado y le llueve demasiada información que no entiende. Por ello hace tiempo que creó en su cabeza una carpeta que dice “no entiendo” y ahí mete FMI, BCE, “reformas estructurales”, “política monetaria”… eso sí, la “prima de riesgo”, eso sí que lo conoce, sabe que si esta muy alta es que se tiene que dejar hacer, se tiene que conformar aún más, “hay que hacer un esfuerzo que tendrá su recompensa”.

La maquinaria capitalista lleva trabajando varias décadas a pleno rendimiento para operar en la red neuronal de la sociedad cada vez con mayor eficacia. Tal y como decía el arquitecto en el film Matrix: cada vez se han hecho mejores en ello. Tienen muy entrenado nuestro cerebro, millones invertidos en psicología para este fin han dado unos maravillosos frutos, y en esta crisis se hace muy llevadero manejar los marcos conceptuales que han venido creando para dominar y mantener anestesiada a la marioneta zombi.

La masa acrítica zombi nos rodea, ralentizando una respuesta definitiva a la crisis-estafa. Quienes aún poseemos el entusiasmo por cambiar el paradigma capitalista antihumano, debemos convertir el lenguaje y su comunicación eficaz en un potente antídoto que les devuelva la vida, esa que no disfrutan por ser víctimas de ell@s mism@s.

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