30 mar. 2013

Semana, año, futuro, de pasión y de dolor


El peor día era el viernes. Se diría que siempre llovía. Como hoy. Tras varios días de música sacra por banda sonora -rompiendo el habitual vocinglero clamor de los cantos de la España cañí-, el viernes al que llamaban Santo, se apretaba la cuerda para provocar el nudo en la garganta. Iba en crescendo hasta las 3 de la tarde –creo recordar- cuando se abrían los cielos según contaba algún cura o asimilado por la radio y Jesús de Nazaret en la cruz expiraba. Luto inmenso e impuesto en los corazones. Hasta que día y medio después –en rebajas de “y al tercer día despertó”- se desataba el “sábado de gloria” y acababa la angustia. Fin de los rezos, las procesiones, el llanto, las películas… sagradas.
Así se han incrustado en mi memoria las Semanas Santas de mi niñez en el franquismo. Luego llegaron las vacaciones para esos días arrinconando misas, procesiones, sacristías e inciensos, las múltiples cadenas de televisión ávidas de vender,  y la Transición aflojó la soga. Hasta hoy.
El PP en el poder nos devuelve a los días más amargos de un tiempo que creímos no volver a vivir. Que los jóvenes desconocen y no imaginan hasta dónde pueden llegar.
Llueve y llueve sin cesar en esta semana de pascua –como la llaman fuera-. La crisis ha reservado las vacaciones para quienes viven de ella y el turismo se resiente de los duros palos a nuestros bolsillos. La ocupación hotelera va a batir récords a la baja. Como lo hace el comercio, por ejemplo, que ha disminuido las ventas más de un 10%, y a costa de las tiendas más pequeñas que lo han hecho en un 13%. 100 autónomos diarios se llevó febrero.
Ya no hay música sacra a todas horas. Las televisiones alternan con garbo cochambrosos espectáculos de distracción y consumo con películas de pasión católica y romanos. Con procesiones hasta la extenuación. Con oficios religiosos. Las públicas, en manos del PP, les reservan prácticamente todo su tiempo. Un gran festín de beatería. Además tenemos nuevo Papa –en vida del anterior-, muy sencillo y campechano.
Semana, año, futuro, de pasión, de dolor. La UE nos ha crucificado. A los ciudadanos. Los clavos en las manos y pies –pies sobre todo- a Chipre aceleran su producción para los países malos. Los dejados de la guía del dios de la especulación atada y bien atada. Y en España la situación económica se despeña en paro, más recesión, déficits maquillados, deuda que sube por la confianza a la baja. Campa el reino de la impunidad, con las alturas presionando –o preguntando- para tener jueces ad hoc que la consagren en al altar de esa corrupción intocada que es tradición en nuestro país. Y, mientras la gestión de la crisis -de una política económica coherente sin más- es nefasta, el talibanismo ideológico se muestra altamente eficaz.
Los desahuciados claman hartos de verse despojados. Ni una sentencia europea cambia la protección a los bancos que en sagrada escritura han de ganar piso y deudas. Nos sumamos a la indignación los desahuciados de la democracia tal como se entiende en todas partes, menos –parece- en España y en algunos otros lugares. ¿Escrache? ¿Qué me dices? ¿Molestar a los servidores públicos que nos perjudican con sus medidas? A todos. Eso es “fascistoide”, es ETA. Ada Colau, solo por dar la cara, se ha convertido –para la derecha política y mediática- en una peligrosa terrorista con un historial “delictivo” que ni Ben Laden. Gustaba a la gente su integridad, su arrojo, hay que sepultarla en la mierda. ¡A la cruz también!
Y que nadie se mueva. El ministro del Interior saca tiempo entre misas, procesiones y rezos para lanzar la orden de identificación y detención a quienes participen en escarches. Quizás porque a la sombra de la sopa boba social, otro santo ministro con él, ha venido apañando leyes que den tizno legal a lo que no parece legítimo. ¿Habrá de intervenir de nuevo Europa? ¿Cuál? ¿La de los clavos a Chipre y el que venga?
No paramos ahí. El gobierno prepara “una estrategia de apoyo a la familia tradicional”. A lo que ellos entienden por “familia tradicional” y que vieron en sueños. Han elegido como asesores a lo más granado del involucionismo. Y ya puestos vamos a ver si sacamos –piensan, deciden- “un cambio en las leyes vigentes en materia de disolución del matrimonio y divorcio” para que el ordenamiento jurídico ampare con una ley a los matrimonios que deseen que su unión “no sea disoluble a petición”, es decir, un compromiso matrimonial para toda la vida”. O una Iniciativa Legislativa Popular en el Parlamento para “provocar el cambio legislativo correspondiente” con la que proteger el matrimonio de quienes así lo deseen “frente a las tentaciones divorcistas”. ¿Se puede llegar a más en la regresión? Esto ya solo queda prácticamente en Arabia Saudí y colegas.
También acelera el gobierno un examen de españolidad para inmigrantes. Lo que ellos entienden por “españolidad”. Todo esto que hablamos quizás: las “tradiciones” que han abortado nuestro progreso como país y como sociedad. Lo llevarán los notarios. El cuerpo más beneficiado por las leyes del gobierno, junto a los Registradores de la Propiedad a quienes se va entregar el Registro Civil para que sea de pago y lucro privado. Éste es el cuerpo de Rajoy sin ir más lejos. Y el de uno de sus hermanos al menos.  Sin asomo de sonrojo.
Sigue lloviendo. Agua y dolor. Y vuelven a abrirse los cielos ahítos de angustia. De la sociedad del siglo XXI, de la que siente y piensa (la otra es cómplice del juego, muchas veces por estupidez). Intensos relámpagos de rabia.  Provocada. Como si se quisiera desatar la gran tormenta. Rayos devastadores. Más devastadores aún. Pasión humana. De padecimiento y de fuerza también. Real. Tan lejos de estampas milenarias. Una inmensa tempestad se está gestando. Con miles y miles de meteoros fulminantes que,  si en la presión descargan,  la barbarie que se nos impone no podría detener.  No habría así fuerzas represoras para tantos Ada Colau.  Semana, año, futuro, de júbilo.