30 jul. 2013

HIPÓTESIS DEMOCRACIA. Traficantes de sueños.

Hoy voy con el color ceniza algo subido. El ADN que heredé de mamá bombea estoico fatalismo periódicamente, qué le vamos a hacer. Me coincide con la presentación en el local de Virus editorial en Barcelona de ‘Hipótesis democracia. Quince tesis para la revolución anunciada’, de Emmanuel Rodríguez.

Llego. Alguien está hablando de ‘introducir vectores de tensión en el interior de esos procesos característicos del proceso de los movimientos’ y por un momento creo haberme colado por equivocación en un cursillo de verano de mecánica popular avanzada, aunque no veo a nadie a mi alrededor con aspecto de mecánico o tornero fresador. Me centro. O lo intento. El introito dispara los índices de mi espectro autista. Pasamos con tanta facilidad de la liviandad de los 140 caracteres a los jardines de pentasílabas y esdrújulas…¿no hay un término medio?
‘Nosotros aquí tenemos ya nuestro lenguaje revolucionario dispuesto. También los chinos hablan como funcionarios. Y también yo. No logro mezclar la prosa con la poesía. ¿Quién nos ha provisto a nosotros -ancianos y jóvenes- del lenguaje oficial de la protesta? El marxismo, cuya única vena poética es el recuerdo de la Resistencia. ¿Y por qué me quejo de este lenguaje oficial de la protesta que la clase obrera me suministra a través de sus ideólogos burgueses?’. Pier Paolo Pasolini. Que no sé si viene muy al pelo pero es lo mejor que van a leer en estas líneas.

Emmanuel Rodríguez toma la palabra para presentar su libro en un ambiente de tuppertesis, la gente escucha las virtudes de un producto bien argumentado y construido y plantea sus dudas de uso. El punto de partida parece claro. La crisis europea no tiene solución, ya viene de serie en el ADN del sistema y es para siempre, como lo de mi madre. Es una imposición del mercado financiero a los Estados y sus súbditos, imposible de reformar desde el actual marco de relaciones entre instituciones y poder financiero. La pregunta es sencilla: ¿Revolución o involución? Esa es la pregunta clave de cualquier proceso soberanista serio.
El poder financiero es un agente revolucionario de primer orden, todo el día incitando a la revolución con sus programas, con toda su demoledora pachorra. Vaya, que nos pone la revolución a huevo. El problema igual somos nosotros puestos delante de la posibilidad real de un cambio radical vía proceso destituyente de las actuales élites políticas y consiguiente proceso constituyente. Ya que al parecer optamos por esperar cambios dentro del orden establecido, cuando la única opción a la salida de la crisis que nos ofrece es dejarnos en la UCI. Pagando el seguro médico, claro.
La cosa va de asaltar el poder. Nos olvidamos de la revolución armada y pasamos a armar una revolución cargando las urnas con la mejor munición posible, la que nos permita rescatar la noción de democracia entendida como gobierno directo de la población sobre las instituciones. Un complejo juego de equilibrios, transiciones, transacciones, cambios en las relaciones de fuerzas con los poderes instituidos… y a eso añádele los mecanismos para bloquear respuestas represivas y mantener lo ganado. Como desarrollar, vaya, todo aquello que apuntaba el 15M y que habrá que retomar de alguna manera para derribar un régimen que se cae a pedacitos pero que aún necesita un buen empujón. El ejemplo latinoamericano marca algunas líneas interesantes.
La revolución será europea o no será. Hay que adelantar al Estado nación por la izquierda y enfilar directamente al corazón de la bestia, la UE. Tampoco le vale a Rodríguez el modelo valerosa aldea gala resistiendo al invasor. Sólo son diminutas acciones incapaces de imponer grandes cambios y que pueden ser borradas del mapa en cualquier momento. ¿Cómo se articula un movimiento europeo por el cambio que dé un sentido real a la democracia, que limitada a un solo país resulta insolvente? Esos son los deberes para el verano. El libro de Emmanuel va repleto de preguntas así. Las mismas que se han hecho, más o menos, durante las revoluciones europeas de 1848, la Comuna de París, las revoluciones de 1968…en todas ellas, como ahora, ya se trabajaba en red, por eso los revolucionarios también caían en red. La red, el nombre no es casual, igual te pone una plaza del revés como te tiene perfectamente localizado y controlado. Ya avisé que hoy iba color ceniza.
Si han llegado hasta aquí hagan un esfuerzo más y lean el libro de Emmanuel Rodríguez, les será más provechoso. Y si no están de acuerdo en algunas cosas, mejor; eso genera confrontación de ideas, algo más enriquecedor que el consenso. Y si encima la confrontación sirve para algo, ya es la hostia.
Y ya que han llegado hasta aquí. ‘¿La idea de la conquista del poder no es lo que vuelve oficial y por lo tanto insincera y falsa la protesta marxista? Si la no violencia es un arma para la conquista del poder, ¿no es también violencia en sí misma? Y entre la tentación de la violencia y la tentación del poder, ¿no es mucho peor la segunda? Pero, al mismo tiempo, renunciar también, además de a la violencia, a la conquista del poder por parte de los justos, ¿no significa dejar el poder en manos de los fascistas? ¿Qué hacer?’. Pier Paolo Pasolini. (A mí no me lo pregunte, no soy un teórico y en la práctica tiro a torpe).

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